El tiempo en Pamplona ya ha cambiado, este año ya estaba tardando, sopla ese viento invernal entre las calles y avenidas abarrotadas de hojas volando por todas partes. Salimos a la calle con nuestros trajes de buzos-astronautas, abrigando hasta las puntas abiertas de nuestro pelo seco del frío. La lluvia, frágil pero constante, nos acompaña en nuestra subidas y bajadas a la universidad, siempre en el momento oportuno en que no llevamos ni paraguas ni capucha, pero si nuestra querida bici.
A veces pensamos que los días ya no pueden ser más grises, que ya no queda ningún trozo de cielo azul por cubrir, aun así todavía queda tiempo para una tormenta, de relámpagos y truenos que retumban como timbales en nuestra cabeza. Tormentas que nos preocupan, nos asustan y nos dejan sin aliento, nos afectan de manera distinta y nos dejan sin luz para ver las cosas con claridad. Tormentas que ni nuestros paraguas aguantan, nos mojamos de todas formas, porque siempre queda un brazo fuera, o pisamos un gran charco con nuestra botas de ante nuevas.
Lo que tenemos que hacer es aprender de estas tormentas, saber que después siempre llega la calma i que a veces es bueno sufrir alguna para valorar lo bien que estamos cuando no llueve.
Hace tiempo que no escribo en este blog, he estado muy ocupada con el nuevo curso, las prácticas, clases y próximamente los exámenes finales, pero quería encontrar un momentito para dedicar unas palabras a las "NUBES ROSAS", esas nubes rosas que te alegran los días grises, porque sin ellas sería muy difícil entenderlos. Las nubes rosas hacen que veas que no todo termina en las tormentas, que hay cosas mucho más importantes por las que preocuparse y te hacen valorar las cosas que merecen la pena de verdad.
La nubes rosas son suaves, de enseñan y dan ejemplo, te tranquilizan y te dan el toque dulce que necesitas.
Tenemos que encontrar nuestras nubes rosas, nuestras motivaciones para seguir adelante, solo así veremos lo bueno de las tormentas. Mis nubes rosas, a las que va dedicadas este escrito, son pequeñas, buenas y preciosas, te cargan de energía y vitalidad, y te regalan sonrisas a cada momento. Quería dar las gracias a estas nubes, pues me alegran todas las semanas desde el primer día y ahora ya dejo de escribir y voy a contemplar desde la ventana, que parece que vuelve a llover.
Clara:)

Dies en que,tot i grisos, només els valents hi troben la gràcia encara que només sigui per preservar la ment al seu lloc...
ResponEliminaUna abraçada forta!